Written by Sebastian Molano.. Colombia

A ti, Dominicana (Versión revisada 2014):
A ti, mujer morena de proporciones colosales que con una sonrisa coqueta atrapa y doblega, a tus calles pequeñas donde flamboyanes y almendros me saludan con olor a fruta cortada, mango, lechosa, melón o guineo, mesi ampil mesie. A ti, colmado colmadón, abundancia de música, romo y caderas, sonido bestial, amargue y bolero, salsa y mambeo, cerveza por litros, vellonera y monedas de cinco. A ti, hombre del motor, concho o delivery, el que resuelve, el que no tiene ley, esquiva los huecos de la calle, los golpes de la vida, que nunca tiene tiempo, que nunca tiene cambio. A ti, con los moños buenos, con los moños malos, indio, prieta, moreno y rubia oscura. A ti, porque la cosa no está fácil, la calle está dura y ya no crees que es pa lante que vas. No se apure Don, mas pa lante vive gente, tal vez en cuatro años la funda no venga con habichuela sino con dignidad. A ti, platano majao, sanchocheando, moro de guandules y café cortao, a ti, porque en estas tierras, morir se hace soñando. A tus sonidos de tambora, golpes de palo y gaga, golpes de baguada en teja de zinc, golpe de pelota en la alta de la novena. A ti, frontera olvidada, de Trujillo víctima y victimizada, a tus campesinos de manos duras, corazones amplios y mirada profunda, a las tardes de cosecha, a sus sueños, su humildad, su dolor de patria, soñando que llueva café. A ti mar Caribe, decorado con caña y arena blanca. A ti, chivo liniero, café orgánico, pesca con balsas y cordel grueso. A ti, por tu hospitalidad, tu solidaridad, al plato de víveres pasado por la vecina. A ustedes, por no desfallecer ante la adversidad, por no estar nunca lo suficientemente tristes para no poder cantar, no poder bailar, no poder reír, no poder dejar de vivir. A la zona fronteriza por ser la mejor escuela y a sus habitantes por sus muestras de humanidad, de amor al otro, de simpleza y divinidad. A ti, español caribeño, poi enseñaime cada día, a hablal con tigueraje, sin miedo a equivocaime y harciendolo con confianza. A tu buen tiempo y tu buen provecho, tu siempre, tu frecome y barbarazo. A tus galletas que no se comen sino se dan, a tu desacate, a tu higüero y tus cuadros del conde, que se lavan con agua y jabón. A ti Dominicana, por enseñarme a ser Caribe, por hacerme hombre, por salvarme. A ti, solo puedo decirte, gracias y feliz, 27 de febrero.